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La Coctelera

NAVARRA NAFARROA NAVARRE

PSN VENDIDOS

Categoría: MERINDADES

11 Noviembre 2006

Nosotros, los riberos... Vascos, pero a nuestra manera.

Erase que se era, al narrar de viejas crónicas, un caballero medieval con muchos enemigos en
derredor; y curándose en salud, se había procurado una muy resistente coraza de buen acero a
prueba de lanzadas. Gracias a ella, que no a su destreza en los combates, aun siendo de
maravillar, se libró más de una vez de una segura muerte. Se detuvo un día, al cabo del tiempo,
a contemplar la coraza Y, encontrándola maltrecha y desfigurada por las muchas abolladuras,
en lugar de mostrarse agradecido, menosprecióla y la arrinconó.
También nuestro viejo reino tuvo una fuerte coraza: los lugares y valles fronterizos. Allí se
ventilaban las endémicas guerras de los reinos vecinos con Navarra. Y, de añadidura, les
llegaban influencias inadvertidas por lo sutiles, que hacían en la coraza más abolladuras que los
rudos y reiterados golpes de las guerras. Y un día, y otro también, la ligereza, aliada con la
incomprensión, se detuvieron a mirar la que fue recia coraza del reino; y hallándola cubierta de
abolladuras, en lugar de sentir admiración y agradecimiento, tomaron las abolladuras por
demérito y menospreciaron la coraza.
Por el lado de la Ribera fue por donde recibió más abolladuras. Era que por uno y otro lado le
habían alcanzado más rudos golpes. Alguien, con excelente buen sentido llamó a las tierras
riberas tierras fronteras y, por tanto, acrisoladas en lealtades, luchas y sacrificios. En cambio,
otros no supieron ver más que las abolladuras. Con lo que se descubrió y quedó al aire su
pobreza y cortos alcances.
Y para que sus quebrantos destacaran más y así ser tenida la Ribera en menos, la compararon
con regiones del reino que permanecieron incólumes y a buen recaudo y libres de muchos
sobresaltos, estragos, ruinas y lágrimas, gracias en buena parte a las abolladuras de la coraza;
y dedujeron, sin atenerse a más, que los riberos habíamos perdido la fisonomía vascónica de la
estirpe. Y en eso se ha machacado y todavía se machaca con irritante tozudez. No parece sino
que se preferiría que descendiéramos de moros o abencerrajes y no de vascones cristianos...
¿Pero es que duele y contraría que los riberos nos preciemos de vascones?
A pesar de todo, algo muy significativo palpita recio muy dentro del alma ribera. Al más ligero
atentado a nuestros sagrados Fueros, la Ribera reaccionó brava, corajuda, valiente siempre.
¿Quién cantó ni canta a los Fueros de Navarra ni tanto ni con tanto ardor como la Ribera?
Otros, por el contrario, porque fraternalmente nos quieren, celebrarían de la mejor voluntad que
los riberos nos pareciéramos como una gota de agua se parece a otra, a nuestros hermanos los
navarros de la Montaña. Pero no es fácil ni posible de lograr.
Vivimos, desde siglos, en otro medio harto diferente, sometidos a poderosas influencias, que a
ellos, a nuestros menditarras, no les alcanzaron. Por todo eso, nuestras reacciones han de ser
inevitablemente distintas. ¿Qué es el canto, por ejemplo, sino una muy singular manera de
reaccionar? Nuestro canto habrá de ser, pues, por fuerza diferente aunque no se recojan ni
cataloguen como melodías vascas las de la Ribera –que por ser de la Ribera son vascas
también, se admita o se deje de admitir-. Desde luego, de otro aire, de otro ritmo, de otro nervio,
pero vascas, porque son vibraciones de almas vascas.
Cantamos y nos expresamos, es verdad, de otro modo, porque somos de otro modo, como nos
modelaron la herencia, la tradición, la historia, el medio y tantos imponderables. Cubiertos de
abolladuras -y a mucha honra- como de tierras fronteras que somos, merced a las cuales,
cientos y cientos de lugares de Navarra adentro, pudieron vivir en paz y salvar la vida, como la
salvó aquel caballero medieval de mi historia, gracias también a las abolladuras de su coraza.

Diego Pascual de Eraso. Corella.
[Vida vasca, 1975]

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